Mi madre me llamó Margarita, una flor humilde de pétalos separados, como una premonición y un destino. Siempre me estoy riendo, y desde muy pequeñita, mi boca parecía un valle de interminables sonrisas con los tres dientes separados. No es que haya cambiado mucho, porque las sonrisas alejan los fracasos y te acercan a la creatividad.
Pinto para vivir, para encontrar la persona (máscara en latín) y a las personas detrás de sus apariencias, para encontrar sus almas desde mi propia existencia.
Mi entusiasmo por los retratos procede de mi infancia. Mi madre y mis compañeros de clase fueron mis primeros clientes. Las sirenas y los fondos marinos transparentes siempre ocupaban un lugar privilegiado. Según Rilke, la patria es la infancia: luz y color, cuentos y fábulas, poesía y olores que siempre me acompañan. Empiezo en la Escuela Massana de Arte y a los 20 años, ya embarazada, y dos años después retorno al trabajo y realizo mi primera exposición con compañeros de la escuela. Fue una etapa fértil en aprendizaje vital y profesional, en la que también diseño pañuelos e ilustraciones para revistas. Vendo mi primera obra a un desconocido, como no podía ser de otra manera.
Posteriormente, participo en la creación de una editorial y una revista literaria. Fue una etapa especialmente mágica, pintando por la tarde en un pequeño espacio de la Avenida Diagonal de Barcelona. Sin embargo, la creación de una escuela de arte cerca de las Ramblas, con dos compañeros de la escuela, fracasa; pero el aprendizaje lo requiere, como cuando pintarrajeas días y noches aquella sonrisa que no se te quiere mostrar en un retrato.
Vivo en el Distrito de Horta, de Barcelona, donde dispongo de un estudio y doy clases particulares. También colaboro y soy docente en la Fundación Hervás Amezcua, de Gavà.
Continúo aprendiendo y transmitiendo técnicas nuevas y antiguas de los retratos, y también los realizo continuamente, para particulares y para exposiciones individuales y colectivas. Sigo teniendo la misma sonrisa, la misma curiosidad y las mismas ganas de vivir y de crear. Me llamo Margarida García-Andreu, y os invito a que entréis en mi mundo, que es el vuestro. Bienvenidos y bienvenidas.